El consentimiento no es un contrato abierto. El abuso puede ocurrir incluso en vínculos que comenzaron de manera voluntaria. En la provincia existen espacios de denuncia y acompañamiento para mujeres que atraviesan situaciones de violencia.
Lola llevaba tiempo conversando con un chico que le gustaba. Después de algunos meses, aceptó encontrarse con él para compartir un momento de intimidad. Al principio todo parecía natural, pero a medida que avanzaba la relación sexual, él comenzó a imponer situaciones que ella no había consentido ni deseado.
En medio de la confusión, Lola pensó: “Es mi culpa, yo elegí estar acá, yo me metí en esta situación”. Ese pensamiento, tan injusto como doloroso, es el que muchas mujeres han tenido alguna vez.
El consentimiento no es un contrato abierto de “vale todo”. Es válido solo mientras se mantiene y puede retirarse en cualquier momento. Cuando alguien impone actos no deseados, aunque la relación haya comenzado de manera voluntaria, eso también es abuso.
El abuso ocurre en esas circunstancias, en los silencios, en las presiones, en las situaciones donde la voluntad de la víctima no es respetada. Reconocerlo es el primer paso para romper la culpa y entender que la responsabilidad nunca es de quien sufre, sino de quien vulnera.
Muchas mujeres han atravesado experiencias abusivas. Algunas fueron más dolorosas o visibles que otras, pero lo que casi todas comparten es lo difícil que resulta reconocer el abuso —aunque parezca evidente— y reaccionar frente a él.
La sociedad suele exigir a las víctimas ciertas reacciones “esperables”: llanto inmediato, denuncia rápida, enojo visible. Como si la credibilidad dependiera de un guion preestablecido. Sin embargo, la experiencia demuestra lo contrario: el abuso desestructura, y no hay una única forma “correcta” de reaccionar.
Por eso, a quienes opinan desde afuera: dejen de pedirle a la víctima reacciones determinadas para considerarla creíble. El dolor no tiene un guion. Cada persona atraviesa el trauma a su manera. La escucha y el respeto son la única respuesta legítima.
El abuso es una vulneración de derechos que puede y debe ser denunciada. Reconocerlo es el primer paso para romper el silencio y acceder a la protección que corresponde. Recordá: no estás sola. Hay redes que escuchan, creen y acompañan.
Dar el primer paso nunca es sencillo. Muchas veces el miedo, la culpa o la confusión hacen que todo parezca más difícil de lo que ya es. Pero hay gestos simples que pueden marcar la diferencia y ayudarte a sentirte acompañada en ese momento inicial.
A veces lo más importante es guardar lo necesario: conservar mensajes, registros o cualquier dato que pueda servir como prueba. También puede ser un alivio pedir acompañamiento. Ir con alguien de confianza a denunciar no solo sostiene el proceso, sino que recuerda que no estás sola. La presencia de una persona cercana puede dar fuerza cuando las palabras parecen quebrarse.
Y, sobre todo, está la prioridad de cuidar tu seguridad. Si sentís que hay riesgo, lo urgente es solicitar medidas de protección y resguardo. Tu bienestar es lo primero, y pedir ayuda inmediata es un acto de valentía, no de debilidad.
Recursos en TucumánEn Tucumán, quien atraviese una situación de abuso puede denunciar y buscar acompañamiento en distintos espacios:
• Policía de Tucumán: en cualquier comisaría se reciben denuncias de manera inmediata.
• Poder Judicial – Oficina de Violencia Doméstica (OVD): creada por la Corte Suprema provincial, atiende sin turno previo y brinda asesoramiento especializado.
• Fiscalías Penales: se puede denunciar directamente en el Ministerio Público Fiscal.
• Línea 144 (nacional): disponible las 24 horas, los 365 días del año, para orientación y acompañamiento en casos de violencia de género.
• Línea 102 (provincial): gratuita, de 8 a 20 hs, para situaciones que afecten a niñas, niños y adolescentes.
• Hospitales y centros de salud públicos: cuentan con equipos de psicología y trabajo social para asistencia inmediata